26 de marzo de 2011

La Canción

-Dígame, ¿qué era lo que más le gustaba antes del incidente?

-¿Lo que más me gustaba? La música. Realmente adoraba la música. La amaba. Yo era lo que se dice un auténtico adicto a la música. Escuchaba música a todas horas; al levantarme, al ir a trabajar, en mi tiempo libre e incluso antes de dormir. Lo llamaba mi chute diario, porque era como uno de esos yonquis que van cada mañana a por su ración de metadona.

-¿Solía escuchar la canción?

-¿Que si solía? Era mi obsesión; la escuchaba cinco o seis veces al día, al menos. Y cuando no la estaba escuchando, pensaba frecuentemente en ella. No me la podía quitar de la cabeza.

-¿Por qué le gustaba tanto esa canción?

-Me evocaba muchos sentimientos. Para mí, aquella canción era la mayor expresión del arte, y lo sigo pensando. La cantidad de sensaciones encerradas en esa pista son innumerables, una síntesis incomparable de feliz tristeza y esperanza por lo que vendrá. ¿De verdad esto es importante?

-Mucho. Y dice usted que le hacía sentir muchas cosas… ¿sabe cómo se llama la canción?

-Claro. Waltz for the life will born, de Nujabes.

-Bien. ¿Recuerda usted algo del incidente?

-No. Me lo contaron más tarde. Al parecer hubo una explosión de gas, dijeron. Un golpe en la cabeza me produjo, como ellos dicen, amnesia temporal del suceso, y nunca he sabido lo que pasó realmente. Digo realmente porque, entre usted y yo,  aquello de la explosión me pareció bastante extraño y no termino de creerlo.

-¿Cree que es mentira?

-…

-Veamos… ¿cuándo se quedó usted sordo?

-Al día siguiente de despertar por primera vez. Me dio una embolia por culpa de un fallo de los cirujanos que me produjo esta maldita sordera.

-¿Por culpa de los cirujanos?

-Eso he dicho. No sé cómo pero la cagaron, la cagaron a lo grande. Cuando salí denuncié al hospital y me pagaron mucho dinero. Pero el dinero no puede comprar lo que no se puede tocar… lo siento, otra vez me estoy yendo por las ramas.

-Continúe, no se avergüence.

-Me lo quitaron todo. Ya nunca podría escuchar el cantar de los pájaros o la voz de una mujer. Sería incapaz de oír el murmullo del mar, el crepitar del fuego o el rugir del viento. Y por encima de todo eso, estaba mi pasión, mi ilusión y mi musa. La música en todas sus expresiones. La perdí para siempre… Si le digo la verdad, pensé en quitarme la vida por ello. Lo pensé en el hospital y durante mucho tiempo después. Como usted comprenderá, no es una decisión que se tome en un sólo día, aunque como es evidente nunca llegué a hacer la idea realidad. No soy tan cobarde como para cometer el suicidio.

-Comprendo. Dígame, ¿cómo se sintió usted?

-¿Cómo me sentí? No podría expresarme suficientemente bien, la verdad. Sentí ira, tristeza, nostalgia, esperanza, decepción, y sobre todo, soledad. Me sentí muy solo. No simplemente por no poder comunicarme como lo hacía habitualmente, sino por lo que no podría volver a escuchar. Estaba en un pozo sin fondo donde no llegaba sonido alguno, donde todo era oscuridad a mi alrededor. Supongo que un ciego se debe sentir igual, aunque dada mi personalidad habría preferido ser ciego sin lugar a dudas.

-Entiendo… Explíqueme cuándo le sucedió el fenómeno.

-Exactamente el 26 de Febrero de 2010. No podría olvidarlo, es el mejor día de mi vida.

-¿Qué pasó?

-Supongo que ya lo sabrá. Escuché la canción. La oí. Fue algo incomprensible, mágico. Sentí de nuevo las notas, el ritmo, los sentimientos que emanan de esa obra. Gocé de nuevo de la esperanza que desprenden esos sonidos. Rodé sobre la verde hierba de una loma virgen, corrí bajo el abrazo del sol por un interminable campo de amapolas rojas, con el corazón henchido en una felicidad abrumadora. Lloré por las vidas que nacerán y las que ya se han ido. Me reencontré con mis amigos de la infancia, con mi primera novia, con mi abuela que nunca conocí… Verá, es muy difícil explicarle esto. Lo que le he dicho no es ni una ínfima parte de lo que experimenté. Compréndalo.

-Lo comprendo. De todas formas, no hace falta que se explaye usted tanto.

-Lo siento, me dejé llevar…

-Tranquilo, lo hace usted muy bien. ¿Y cómo es que escuchó la canción?

-Pues... estaba bastante angustiado, la verdad. No me hacía a la idea de no poder disfrutar de la música de nuevo. Eso fue en la época en que estaba totalmente deprimido y me planteaba el suicidio. El caso es que, más por desesperación que por voluntad, cogí el vinilo donde está el tema y lo puse en el tocadiscos. Sé que parece estúpido, pero sentí una chispa de esperanza que era… era como una astilla clavada en alguna parte de mi cuerpo. Estaba totalmente ido. “Como mínimo, veré girar el vinilo”, pensaba. Y ocurrió lo imposible.

-Desde luego.

-Es increíble. Por eso he venido. Para que puedan ustedes estudiarme. Si puedo escuchar esa canción, quizá pueda oír otras cosas. ¿No le parece, doctor?

-¿Doctor? ¿Quién le ha dicho que yo sea un doctor?

-¿Cómo?

-¿Realmente cree que puede oír, como por arte de magia, solamente esa canción?
-¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Claro que lo creo! ¿A qué viene esto?

-Viene a si cree que lo que le ha pasado puede ser real. ¿Cómo es que no sucede con ningún otro sonido?

-¿Pero de qué me está usted hablando?

-Le estoy diciendo que lo que le ha pasado no es real. Que yo no soy ningún doctor y que usted nunca llegó a escuchar esa canción.

-¿Qué? No entiendo nada. ¡Quiero salir de aquí!

- ¿Salir de dónde? ¿Ve usted alguna pared? ¿Acaso el suelo? ¿Dónde cree que estamos? ¿Cómo ha llegado aquí?

-Por favor, déjeme en paz… esto es todo muy raro. Debe ser un sueño. Sí, eso, un sueño. Seguro que dentro de poco despertaré y no me acordaré de nada.

-Claro que es un sueño. El sueño de su vida. Seguirá en éste “sueño” toda la eternidad. Porque usted está muerto.

-¡¿Qué?!

-Murió aquel día, el 26 de Febrero, en su casa.

-¡Eso es mentira!

-Usted se suicidó después de comprobar que nunca más volvería a escuchar su canción. Se ahorcó en su piso con el tocadiscos todavía girando.

-¡No puede ser! No puede estar pasando…

-¿Acaso no es usted sordo? ¿Cómo es que estamos manteniendo una conversación? ¡No tiene ningún sentido!

-Pero…

-¿Pero? ¡Acéptelo, abra los ojos! ¿No ve que todo esto es producto de su mente? ¿Quién soy yo, acaso? ¿Cómo ha llegado usted hasta aquí?

-Pero…

-Creó esta realidad para creer que seguía vivo. ¡Olvidó su suicidio! ¿Cómo podría ser, si no, de otra manera?

-Si es así, ¿por qué me lo cuenta? Esto debe ser una pesadilla, aunque… Si, ahora que lo dice, no tiene ningún sentido. Pero no puede ser verdad que esté pasando si no es real. Debo de estar inconsciente. Sí, eso es. Seguro que entré en coma cuando sufrí la embolia. Claro, tiene que ser eso.

-¿Acaso tiene que aferrarse a la opción más lógica? ¿Creyó tanto tiempo que podía oír esa canción y ahora no puede creer esto? Le estoy ofreciendo únicamente la verdad. Y la verdad es que usted está muerto y ahora es sólo una conciencia pura libre de ataduras. Usted es su mundo.

-¿Por qué debería creerle? ¿Por qué no estoy en el cielo, en el infierno, en el limbo o junto a otras “conciencias puras”?  Y si he creado este mundo, ¿por qué me lo cuenta? ¿Quién es usted?

-Yo no tengo nombre. Yo soy usted. Soy la pieza de su conciencia que desea ser libre, que está harta de esta farsa. Le estoy contando todo esto porque una parte de su mente está empezando a revelarse. Olvide esta mentira, reniegue de ella. ¿O acaso desea seguir viviendo su vida imaginaria donde es usted sordo? Porque esa será la única manera de que se sostenga su teatro. Se aferra a sus últimos años de vida como a un clavo ardiendo. Pero usted mismo se está rebelando contra su propia fantasía. Eso soy yo. Déjese llevar, rechace ésta ilusión.

-¿Y a dónde iré? ¿Qué me pasará?

-No lo sé, al igual que no lo sabe usted. Sólo sé que necesita conocer la verdad.

-¡No! ¿Para qué quiero la verdad? Puedo ser feliz con la música, o al menos con lo que me queda de ella. Esa canción es suficiente para mí. Si ya olvidé y creé una ilusión, ¡puedo volver a hacerlo! Si. Olvidaré todo esto y seguiré como hasta ahora. No necesito nada más que aquella canción.

-¡Vivirá en la mentira!  ¿No le importa que no sea real?

-No, tengo lo que necesito. Mi preciada canción. ¿Y cómo que no será real? ¿Acaso esto no está sucediendo? ¿Cómo puede decir que no es real? He sentido innombrables experiencias en mi realidad, conocido gente nueva y visitado muchos lugares. ¿Por qué no es real?

-Porque como ya le he dicho es un producto de su mente. No es la auténtica realidad.

-¿No es la auténtica realidad para quién?  ¿Para la gente supuestamente viva? Las personas de mi mundo son independientes, el mundo sigue siendo injusto y hay nuevos avances tecnológicos. Es mi realidad, la que yo vivo. ¿Cómo puedo saber si lo que he vivido hasta mi supuesto suicidio ha sido real? Quizá también era una invención mía. Quizá dejé de vivir hace mucho tiempo y esta conversación ha sucedido más veces. Pude haber muerto en el incidente y haber creado desde entonces. Nunca podré saberlo, porque voy a hacerlo ahora. Me gusta mi realidad, lo suficiente para aferrarme a ella. Si…, por esa canción lo haría sin dudarlo.

-¡No sea necio! ¡No lo haga!

-Claro que lo voy a hacer, porque aquí el único necio eres tú. ¿Creías que cedería? Lo único que has hecho ha sido perder mi tiempo. Quedarás relegado al rincón más oscuro de mi mente donde no podrás molestarme más. Borraré todo este asunto y nunca más volveré a verte. Pasaré la eternidad escuchando mi canción, mi amada canción.



Final alternativo: El Doctor

-Por favor, déjeme en paz… esto es todo muy raro. Debe ser un sueño. Sí, eso, un sueño. Seguro que dentro de poco despertaré y no me acordaré de nada.

-Claro que es un sueño. El sueño de su vida. Seguirá en éste “sueño” toda la eternidad. Porque usted está muerto.

-¡¿Qué?!

-Murió aquel día, el 26 de Febrero, en su casa.

-¡Eso es mentira!

-Usted se suicidó después de comprobar que nunca más volvería a escuchar su cancioncita. Se ahorcó en su piso con el tocadiscos todavía girando.

-¡Falacias! ¡No recuerdo nada de eso!

-Claro que no lo recuerda. Porque usted siempre ha sido un cobarde, lo fue hasta el momento de su muerte. Decidió acabar con su vida y sobrescribió los recuerdos de aquel día con una vaga ilusión en la que podía escuchar esa canción. Así ha creído que su vida ha seguido tan feliz y contenta hasta ahora. Optó por la vía fácil en vez de afrontar la dura realidad. Hasta que yo le he encontrado.

-¿Que usted me ha encontrado? ¿Quién es usted?

-Mi nombre es impronunciable. Yo soy una criatura más antigua que los dioses, que la vida y que el universo. Me alimento de las estúpidas ilusiones de cobardes criaturas como usted, que reniegan de la realidad por una historieta producto de su imaginación. Devoraré lo que usted ha llamado felicidad hasta que no le quede nada. Pasará el resto de la eternidad siendo una conciencia vacía como castigo por sus miserables actos. Va a experimentar lo que ustedes los humanos llaman soledad y arrepentimiento hasta el fin de los días. Pero no se preocupe, hasta entonces le atormentaré de tal manera que rezará por estar en el infierno. Todo el sufrimiento de la tierra es pequeño comparado con lo que va a experimentar. Ésta es mi realidad, y no servirá de nada que me implore clemencia.


Safe Creative #1103278823773

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8 comentarios:

Anónimo dijo...

Me alegro de que lo hayas escrito al final. Me ha gustado más el priemr final, uanque el segundo tiene mucha chicha en plan Lovecraft pero no cuadra demasiado xD


Luar

Waipy dijo...

Eso mismo me parece a mi. El segundo me quedó muy Lovecraft pero no tiene mucho que ver con el asunto de la canción. Vamos, que la presentación no debería ser tan extensa con ese final.

Me alegro que te haya gustado Luar, un abrazo!

Viperey dijo...

A que viene lo del Safecreative?
No te vale con confiar en que la gente cumpla la licencia CC?

PD: muy buen relato, me quedo con la primera parte, en la segunda tratas a los suicidas de forma muy ligera como para gustarme.
Que no es que sea un suicida, pero leyendo alguncas cartas de gente que se suicido te hace ver que es una decision mas valiente que cobarde.

Waipy dijo...

Me alegro que te guste Viperey! Personalmente creo que el suicidio -en contra de lo propuesto en mi primer relato- es un acto bastante cobarde, una forma de abandonar los problemas por una vía más o menos fácil.

Y lo de SafeCreative, en internet ya sabes que poco se puede confiar. La obra está bajo CC, con SafeCreative simplemente tengo un registro de la obra con una fecha, en caso de que en un futuro haya temas legales como que quién la escribió antes, etc. Además, si quiero presentarlas a concurso, tengo que registrarlas para guardar las espaldas.

Anónimo dijo...

No deja de sorprenderme señor "uHHm", excelente y gráfico a la vez que espeluznante el momento "desenlace 1", me atrevería a decir que todo el que lea dicha parte tendrá la sensación de estar en una especie de habitación cúbica sin suelo que le hará sentirse bastante tenso.
Personalmente me quedo con el primer final, el segundo es demasiado rocambolesco para mi gusto.
Desde mi humilde punto de vista, los suicidas son unos cobardes muy valientes, cobardes en lo que a no afrontar lo que la vida les ofrece se refiere, y valiente porque es un acto de suma valentía saltar al vacío sin saber que ocurrirá tras el momento del impacto desconociendo qué tren te espera al abandonar el llamado "tren de la vida".

Jet Lag.

Waipy dijo...

Muchas gracias por el comentario Jet Lag!

Víctor Ramírez dijo...

Me ha gustado el relato! (final 1, el segundo como ya han comentado, me parece que se sale por la tangente).

El suicidio es un tema complicado, porque uno no sabe hasta dónde se habla de cobardía y hasta dónde podemos hablar de vértigo o insoportable peso de existir.

Waipy dijo...

Me alegro mucho Víctor! El segundo final me gusta bastante, sólo que no tiene mucho que ver con lo anterior y necesitaría una introducción menos extensa al respecto de la canción, creo yo.

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No hoygans in da house, gracias

 
 
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